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Viaje a Marrakech

Publicamos crónica de Beatriz, vídeo de Francesc y fotos de Marisa del viaje realizado el pasado mes de Diciembre:

 

Bismillah al rahman al rahim…

Así da comienzo cualquier crónica árabe, en el nombre de Dios el clemente, el misericordioso…y a Él me encomiendo para dibujar, de las siete jornadas de los trece de la caballería rotaria allende el estrecho, algunas impresiones.

Ruego del lector benevolente la comprensión, pues quien narra fue testigo pero también parte y sabe que  la verdad de lo acontecido solo la conoce Alá.

Antonio Vázquez, primus inter pares, pidió consejo a dos de sus caballeros -Alejo y Toni- acerca de si Marruecos sería un buen destino para las huestes rotarias. La respuesta fue entusiasta:

«Nos iremos a Marruecos,

a las tierras del infiel,

-mucho dátil, mucha miel –

bien es cierto que no hay vino,

pero yo conozco a Abel,

moro guapo y moro fino,

al que profeso cariño

y en ese país vecino

no hay secretos para él.»

No hubo reservas, únicamente  algún prejuicio disfrazado de resquemor que hubo de ser espantado como mosca de septiembre. La dificultad mayor estuvo en el cuándo, en el cómo y en el cuánto. Pero a brazo alzado -que no partido – se llegó a un acuerdo: Sería en diciembre en el puente de la Santa Constitución, bajo cuya Protección el grupo se pondría para más gloria del Rotarismo.

Y allá que fuimos, embarcados en naves de bajo coste…

Muchos fueron los llamados y solo trece los elegidos: algunos de entre ellos enrolados entre la población civil, pues Antonio Vazquez quería la compañía de sus pares, aunque tampoco le desagradaban los impares y ni siquiera le puso pegas a los primos…

Los que siguen eran los trece:

Blanca y Antonio, señores del marratxí mallorquín, adalides de la reconquista del Magreb.

Lady Luisa, dama galana y grácil, viajar a su lado es… fácil.

Francesc y Marisa,  Sire  Angular y Dama Zoom: nunca un acoplamiento de objetivos ofreciera un Marruecos tan sensual  – del que dan buena fe las fotos de esta misma página-.

El hada Carmen, benefactora y desfacedora de entuertos que, aunque no los hubo, bien pudo habellos.

El caballero Alejo, Lanzarote porfíado a la búsqueda del santo grial de la jubilación.

Toni Cirer, el Alí Bey de Alaró, la harissa de la sopa, el comino del cuscús.

De los impares, daré sus nombres amigos: Xisca y Francisca, Constan y Jesús. Fueron inocentes doncellas en citas a ciegas, hoy son fervorosos creyentes de las delicias del país.

Abel, el marratxí, (así se nombra a los nacidos en Marrakech) , comandante moro de la expedición y quien recibió el mando del cordobés. Barak allahu fik! Que Alá le bendiga por su sabiduría y el cariño con que nos descubrió la belleza de su tierra.

Y de los primos,  encabeza  y finaliza la lista su segura servidora.

A revienta caballo hemos recorrido 1.500 kilómetros. En siete jornadas, lo que debiera hacerse en diez. Cuatro todoterrenos y cuatro conductores como cuatro soles.

De Marrakech a Ouarzazate, de Ouarzazate a Mhamid, de Mhamid a Zagora y Tinherir,  de Tinherir a Marrakech, de Marrakech a Essaouira y vuelta a Marrakech. El Atlas,  los oasis del Draa y el valle del Dadès, Gargantas del Todrá,  Zagora y Tafraoute,  Chgaga,  el valle de Telouet.  Solo volverlos a nombrar me embruja.

El paisaje está lleno de vida callada,  oculta, imperceptible en muchos casos,  pero auténtica vida. No hay lugar solitario en el que si observas atenta y concienzudamente, no encuentres a un paisano caminando campo a través o simplemente no haciendo nada y  contemplando , sea sobre una colina, apoyado en una roca o sentado en el suelo. Cuando paramos a hacer pis en la carretera, damos por descontado que, aunque no lo veamos, siempre hay alguien mirando o incluso, dispuesto a ayudar en cualquier cosa.

Sucede lo mismo con algunas humildísimas construcciones de piedra o barro que apenas destacan en la tierra y que nosotros identificaríamos como abrigos de ganado, y, de pronto, un hilillo de humo y un niño pequeño jugando en los alrededores nos descubren que se trata del hogar de una familia. .

Si el paisaje es hermoso, el paisanaje es arrebatador. Veloces experiencias visuales se amontonan en la retina : las kashbas de adobe entrevistas entre los palmerales del oasis, los niños descalzos mojándose los pies en las acequias, ancianos encorvados de blanco camino de la mezquita, ramilletes de niñas con sus batitas de colores y carteras saliendo de las escuelas prefabricadas, perros apaleados, pastores de edades imposibles rodeados de cabritillas resecas, mujeres bíblicas acarreando leña sobre los cuerpos sometidos, muchachos hermosos de dientes negros aventado los hornillos de tagine en los fonduk de carretera… No agoto el inventario. Es imposible.

¿Conoce el lector la magia que se produce al anochecer,  en ese momento que no es  día ni es noche, que está suspendido entre la luz y las sombras, en que lo evidente se oculta y lo oculto parece que asoma ? Es hora de encantamientos y ritos.

Pues añada el lector al conjuro una enormidad geológica de 3.000 metros de altura ( el gran Atlas) con tantos colores como la tierra permite; sitúese  luego dentro de un velocísimo Land Cruiser en una carretera sinuosa y sin señalizar, con tanto tráfico como la via de cintura pero rodeada de aplastante belleza y precipicios, una carretera donde solitarios y oscuros paseantes  en chilaba y con pasmosa tranquilidad se dejan acariciar por camiones de 16 ruedas cuyo líquido de frenos hierve por las revoluciones , al tiempo que un Peugeot del 83, color crema oxidado, con siete u ocho cabezas en su interior realiza la maniobra de adelantamiento preceptiva  en la curva (todo el camino es una curva). Nosotros vamos en sentido contrario … ¡Y no pasa nada!

Ni oes y ni aes y ni gritos:  tras un revelador silencio, por primera vez musitamos cada uno para sí: ¡Pero qué grande es Alá!

Cruzar el Atlas compitiendo con el sol hacia el ocaso fue nuestro rito de paso. De Marrakech salíamos infieles y entrábamos en Ouarzazate conversos. La Illaha illa allah!.*

* N. del  T. No hay más Dios que Allah..

Atravesamos 120 kilómetros de pistas en la hamada (desierto pedregoso).  Hay algo épico en la velocidad de los cuatro todoterreno,  compitiendo en paralelo sobre el mismo plano  o perdiéndose en imaginarias líneas divergentes para luego encontrarse detrás de una cortina de polvo rojo en un cambio de rasante… Recuerdo a Alejo asomado por la ventanilla con medio cuerpo fuera anclándose al momento. Recuerdo a Abel cantando Sahra de Cheb Khaled…

Los sesenta y cinco años de Alejo cumplidos ese día, nos trajeron la aventura de las caravanas a lomos de camello,  el sonido de una guitarra eléctrica enchufada a la nada en los brazos de un muchacho disfrazado de touareg, el dormir en unas jaimas que Harum al Rachid no hubiera soñado mejores  , la fiesta de turbantes y hiyabs  (hermosísimas las damas tocadas a la morisca) a las que nos rendimos encantados, la noche a la luz de los candiles , el fuego y el frío….  Cantamos canciones en lenguas  que no entendíamos y  bailamos -casi- todos como si nadie nos mirara: Habíamos conjurado el fuego de campamento. Entonces nos medimos. Nos conocíamos, pero no tanto. Viajar es descubrir y descubrirse.  A pesar de los turbantes, todavía  llevábamos yelmo… Más adelante cerían algunos de los siete velos…

Tuvimos nuestro bautismo de soledad:

«Tanto si es la primera vez que vas al Sahara como si es la décima, lo primero que percibes de inmediato es el silencio. (…). Luego está el cielo, comparado con el cual todos los demás cielos parecen intentos fallidos. Rotundo y luminoso, es siempre el punto focal del paisaje. En el ocaso, la sombra precisa y curva de la tierra penetra en él y se eleva rápida del horizonte cortándolo en la mitad luminosa y la oscura. Cuando se ha disipado toda la luz diurna y el firmamento está cuajado de estrellas, sigue siendo un azul intenso y ardiente, cuyo punto más oscuro se encuentra en el cenit y va empalideciendo a medida que se aproxima a la tierra, de manera que la noche no llega a ser oscura del todo.

Si dejas atras la puerta del fortín o del pueblo y, pasando ante los camellos que están tendidos fuera, subes a las dunas o sales al llano duro y pedregoso y te quedas un momento de pie, solo, al cabo de un rato, o bien sientes un escalofrío y vuelves corriendo dentro del fuerte o te quedas fuera y dejas que te ocurra algo muy curioso, algo que han experimentado todos los que viven allí y que los franceses llaman le baptême de la solitude. Es una sensación única y no tiene nada que ver con la sensación de soledad, porque esto presupone una memoria. Aquí, en este paisaje absolutamente mineral iluminado por estrellas como llamaradas desaparece incluso la memoria; no queda nada más que tu propio aliento y el palpitar de los latidos de tu corazón. En tu interior se inicia un proceso extraño de reintegración, que no es en absoluto agradable, y puede ocurrir que trates de combatirlo e insistas en seguir siendo la persona que siempre has sido o que dejes que siga su curso. Porque nadie que haya permanecido en el Sahara durante algún tiempo sigue siendo la misma persona que cuando fue allí. (…)» (Paul Bowles)

Y después llegó el amanecer  sobre las dunas. Hamdulilah!

Visitamos las kashbas de Ouarzate, de Tafraoute y de Ait ben Hadou.  De puntillas, como debe ser. La kashba es una comunidad  de familias fortificada en adobe.  De barro y yeso, con harén y mezquita, artesonados hermosos y pequeñas salas oscuras. La mujeres que las habitan deben desplazarse agachadas y realizar los quehaceres domésticos a ras de suelo.   Imaginas descubrir la razón por la que siempre han tejido alfombras.

Quisiera hablar del puerto de Essaouira, de sus barcos pesqueros de madera antigua y azul, del comercio de pescado en sus muelles, del sabor de las sardinas arrebatadas casi a las redes del olor a mar y la transparencia de la luz atlántica, de los rojos de poniente sobre el baluarte, de su nombre portugués (Mogador), de sus calles de cal y piedra…

También quisiera hablar de los ryads  en Marrakech, del sonido del agua en la fuente pequeña de su patio, del placer masoquista del hammam, de alguna conversación,  del tagine y la verdura, del vino gris del Atlas, de los aromas del té à la menthe, de la magia de una velada en la que Francesc nos contó un cuento oriental y Alejo nos leyó el pensamiento, de las propiedades del aceite de argán, del sabor de las aceitunas negras, de un camello que bebía seven-up, del extraño olor de los caracoles de la plaza Djema el Fnaa , de las risas, y del canto del muhecín de la Koutubía, escuchado con devoción desde una azotea apartada en la medina de Marrakech.

¿No entiende el lector a qué me refiero? Cuando quiera, mis compañeros y yo se lo contamos en persona. Mejor aún: ¿organizamos otro viaje?.

Beatriz

Vídeo corto:

Vídeo largo:

Marrakesh 9 Marrakesh 1 Marrakesh 2 Marrakesh 3 Marrakesh 4 Marrakesh 5 Marrakesh 6 Marrakesh 7 Marrakesh 8

Comentarios

  1. avatar Pilar Maldonado dice:

    magnífico viaje!!!!. Qué fotos! El desierto, una maravilla!, pero ¿ qué hacía la pobre cabritilla subida a un árbol????.

  2. avatar Ursula Müller Breitkreutz dice:

    Me encanta! Que reportaje mas bonito, las cabras en el arbol? El camelio tomando refresco! Maravilloso todo! Y podemos disfrutar del ambiente los que no hemos podido venir a este viaje fantastico.

  3. avatar Luisa Muntaner dice:

    Gracias Bea por describir de esta forma tan maravillosa nuestras vivencias en el Marroc. ¡Nadie podría haberlo hecho mejor!. Y puedo asegurar a los que no os animasteis a ir que fue así, tal como la crónica lo anuncia, FABULOSO.

  4. avatar Maria Dulce García dice:

    Que gustazo Bea!!Muchas gracias ….bs

  5. avatar Maria Dulce García dice:

    … Y esas fotos impresionantes hacen que podamos compartir momentos únicos!! Gracias a todos

  6. Fantástico reportaje!! Gracias Bea!! Es casi como viajar sin pagar 🙂

  7. avatar Marisa Barral dice:

    Bea!!!! por Ala que crónica mas bella. Mis cánticos para ti a la mas de «allí».

  8. avatar Francisco Rosés de Querol dice:

    Magnífica crónica, Bea. Aunque un poco tarde, no quiero dejar de valorar su calidad narrativa y que acompañada de los videos y su música «ad hoc», te trasladan a este rincón de la naturaleza que a veces soñamos.
    He disfrutado viendo los parajes y vuestras caras de satisfacción…
    Enhorabuena a los que lo pudisteis disfrutar y gracias por compartirlo con nosotros.

  9. avatar Michael Blum dice:

    El fumbol tiene la culpa de haber leído esta crónica tan tarde. Pero a veces los goles llegan tarde, el el tiempo añadido, que son los que más alegría suelen dar. Gracias por hacernos partícipes multimediales del viaje. Espero que la próxima experiencia viajera rotaria sea real.

  10. avatar Valentina Moggi dice:

    La descripción del viaje fantástico increíble como escribes !!!no sabía que lo hacias tan tan bien !!!!!felicitaciones !!querida Beatriz !!!además a pesar que lo conocía me ha dado ganas de repetirlo cuando lo hagan de nuevo .Videos y fotos PRECIOSAS en resumen :todo un éxito !!!!

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